Hay una garganta. Puede ser de roca y sombra fresca; y así, transita el viento.
Hay un vientre. Puede ser de hambre, de deseo. Revolotean las mariposas.
Un paisaje vorazmente engullido, puro, entero. De la garganta al vientre. Puro: sin deglutir. Entero: con todo.
Vuelan entonces dentro libres las moscas entre el sombreado azul que provocan las zarzas, entrelazado para siempre con la hierba seca a punto de romperse. Sombra azul y paja dorada engarzadas como joya real en el paroxismo ínfimo de la materia. Materia sueño. Run run run run…
Estoy hablando del vacío del cuerpo donde la voz coge impulso. Cómo es ese vacío interior tan habitado. Última estación de la onda que pronto será voz.
Onda enorme y absoluta matizada por el viaje. De qué galaxia, tiempo o charco. ¿Cuántos pechos ha atravesado?
Si viene la onda, agárrate. El trasvase entre dimensiones es la manera más común de los mundos para avanzar en polifonía hacia la belleza. Es muy bello ser un lago. Un lago se abre en ondas hasta la orilla por una piedra minúscula. Pero no se despeina.
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