Culpabilización
de víctimas de feminicidio en México desde una visión patriarcal
Blame the victims of femicide in Mexico from a patriarchal vision
Elizabeth Tiscareño García liztg@hotmail.com
Tecnológico de Monterey, Escuela de Humanidades y Educación., México
José Carlos Vázquez Parra jcvazquezp@tec.mx
Tecnológico de Monterey, Escuela de Humanidades y Educación., México
Florina Guadalupe Arredondo Trapero farredon@tec.mx
Tecnológico de Monterey, Escuela de Humanidades y Educación., México
Culpabilización de víctimas de
feminicidio en México desde una visión patriarcal
ACADEMO, vol.
8, núm. 1, pp. 67-76, 2021
Universidad
Americana
DOI: https://doi.org/10.30545/academo.2021.ene-jun.6
Resumen:El hablar de feminicidios en estos
años, trae consigo la obligación de ver más allá de una cuestión policiaca o el
homicidio de una mujer, ya que, de manera adicional al crimen, los feminicidios
deben ser abordados como un problema social, mismo que implica aspectos de
inequidad de género, desigualdad, discriminación y estereotipos. El presente
artículo busca reflexionar sobre la forma en la que las creencias preconcebidas
y estereotipadas de las mujeres en México, pueden gestar expresiones de
culpabilización de las víctimas de feminicidio. Para desarrollar este texto, se
hace primeramente un abordaje teórico de la raíz de estas creencias, para
posteriormente hacer un análisis de sus implicaciones en un caso concreto,
desde el enfoque de los medios de comunicación y de una muestra de padres de
familia. Como conclusión, se demuestra que las víctimas no únicamente sufren
por las vejaciones y asesinato cometido por el homicida, sino también, por los
juicios estereotipados de la sociedad que las rodea.
Palabras
clave:Estereotipo, género, patriarcado, homicidio, mujer, culpabilizar.
Abstract:Speaking of feminicides in these years, brings with it
the obligation to see beyond a police issue or the murder of a woman, since, in
addition to crime, feminicides must be addressed as a social problem, which
implies aspects of gender inequality, inequality, discrimination and
stereotypes. This article seeks to reflect on the way in which the preconceived
and stereotyped beliefs of women in Mexico can create expressions of guilt for
victims of femicide. To develop this text, a theoretical approach to the root
of these beliefs is made first, to subsequently make an analysis of their
implications in a specific case, from the media approach and from a sample of
parents. In conclusion, it is shown that the victims suffer not only from the
humiliation and murder committed by the murderer, but also by the stereotyped
judgments of the society that surrounds them.
Keywords:Stereotype, gender,
patriarchy, homicide, woman, blame.
INTRODUCCIÓN
No se puede
negar o dejar de ver la realidad que viven millones de mujeres y niñas todos
los días, la violencia de género en nuestro país es algo cotidiano. Desde las
acciones de micromachismo que se dan en las escuelas y los hogares, hasta el
alto índice de feminicidios que obligan a las autoridades a poner alertas de
género en los estados; la sociedad y el gobierno mexicano demuestran una
incapacidad, o poco compromiso, para afrontar el tema.
Según el
informe “México Feminicida”, del Instituto Nacional de las Mujeres, durante el
2017 se cometieron 12 mil 811 casos de muertes de mujeres con presunción de
homicidio, haciendo que este sexenio se convierta en uno de los más violentos
para las mujeres mexicanas (ONU Mujeres, 2017). Aunque el término
feminicidio no es algo nuevo, ya que se tiene registro del mismo desde hace 25
años, esta situación parece estar alcanzando un nivel alarmante, pasando de ser
un fenómeno comúnmente adjudicado a la violencia de las fronteras y al crimen
organizado, a ser una realidad que se da en todos los estados del país,
incluyendo a todo tipo de victimarios (Berlanga, 2015).
Sin embargo,
si algo resulta problemático, es que los diferentes agentes sociales, no
siempre se enfocan en la realidad de que una persona fue asesinada, sino más
bien, en las implicaciones morales y sociales que pudieron suscitar el acto
delictivo (Flores, 2017). Ejemplo de esto son casos como
en 2015, cuando Mile Virginia Martín fue asesinada, pero la investigación se
enfocó en una posible relación con temas de drogas, argumentado en su
nacionalidad colombiana. Esto mismo se repitió en 2016 con Stephanie Magón
Ramírez. Existen situaciones diferentes, pero igualmente cuestionables, como en
2017 cuando se encontró asesinada a Lesvy Berlín Rivera Osorio en Ciudad
Universitaria y que posteriormente se publicaron detalles de su vida privada,
con la intención de culpabilizar, ante la opinión pública, a la víctima.
Pero, ¿Cómo es
posible que se culpabilice a alguien por ser asesinado?, ¿Acaso puede
justificarse de alguna forma el que una persona abuse, violente, torture y
asesine a otra por algún tipo de circunstancia? El presente artículo busca
profundizar en el tema de la culpabilización de las víctimas de violencia y
feminicidios en México, considerando como la presencia de comentarios
culpabilizantes hacia la víctima en medios de comunicación puede resultar ser
un reflejo de creencias apegadas a una ideología patriarcal, aún dominante en
el país. Como parte de las conclusiones, se incluyen ciertas recomendaciones de
cómo las autoridades pueden llevar acciones que incurran en la generación de un
marco de referencia objetivo al momento de llevar a cabo una investigación de
un feminicidio, evitando así, la concepción de creencias irracionales que
culpabilicen a las víctimas.
En el contexto
internacional, el feminicidio se empezó a considerar dentro de la investigación
a finales de los años 70. Los estudiosos del fenómeno lo analizan y debaten en
relación al significado del término y categorías en los años 90 (Zavaleta, 2018). En 1976, Russell utilizó,
por primera vez, el término feminicidio, sin dar una
definición precisa. Para 1990, Russell y Caputi lo dieron a conocer como el
asesinato de mujeres realizado por hombres que son motivados por odio,
desprecio, placer o por un sentido de propiedad sobre de las mujeres (Russell, 2006).
En México, el
tema del feminicidio es abordado, a partir de las muertas de Ciudad Juárez en
1993. La identidad de las víctimas de Ciudad Juárez surgió de dos corrientes:
la primera, desde las autoridades, al no entender y conocer el fenómeno,
etiquetaron a las muertas como mujeres públicas . de la calle; la
segunda, desde los grupos de madres y activistas que tuvieron que enfrentar la
narrativa del gobierno y las abanderaron como hijas . trabajadoras (Wright, 2011).
Wright (2011) utiliza el contexto antes señalado
para explicar las muertes de mujeres en el desierto de Ciudad Juárez, y lo hace
desde la narrativa y la política del gobierno mexicano. De acuerdo a Wright,
las autoridades mexicanas plantearon dos narrativas en los feminicidios. En la
primera, la mujer es asesinada porque transgredió los espacios públicos, al ir
a trabajar se sitúa en lugares solos, despoblados, en la calle, y ese es el
mismo espacio que ocupan las prostitutas. Su muerte se debe a que se lo buscaron,
se convirtieron en “mujeres públicas”, connotación peyorativa. Un significado
diferente al que le dan al hombre, quien al ser público es considerado un
“ciudadano”. La segunda narrativa tiene que ver con la racionalidad. Wright
considera que el gobierno, al librar una guerra en contra de las drogas, ve la
muerte de las mujeres como una acción irracional, murieron porque estaban en
espacios públicos, no se resguardaron en el hogar. Por otra parte, les da una
racionalidad masculina a las muertes de los hombres, al catalogar la pelea por
las drogas como una lucha entre empresarios adversarios. Con ello les quita el
mote de “locos irracionales causando estragos en la sociedad, porque, al final,
el caos es malo para el negocio” (Wright, 2011, p.720).
Ravelo (2017)
narra que la mayoría de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez eran del sur y
habían partido hacia la frontera en busca de trabajo y un mejor nivel de vida.
Describe que eran: niñas, jóvenes, estudiantes, trabajadoras, adolescentes,
madres, trabajadoras sexuales, que fueron secuestradas, maltratadas, violadas y
asesinadas. En tanto, que Portillo (2001) las describe como
delgadas, morenas y de cabello largo, muchas de ellas obreras.
En la
investigación de Ravelo (2017) se menciona que con el arribo de mujeres
que trabajan, ellas también buscaron el placer, por lo que por las noches se
presenta una invasión de mujeres que buscan divertirse, y eso es considerado
una amenaza muy fuerte contra el sistema patriarcal. Se añade que la comunidad
juarense con espíritu conservador, empezó a verlas como las maquilocas. Las locas que
llegaron a enloquecerse más con la vida nocturna, con los antros, entonces se
genera un estigma alrededor de las mujeres de la maquila, porque se les
identifica con la prostitución. En ese mismo sentido, Lagarde (1990) menciona que vivir en un mundo
patriarcal hace a las mujeres identificarse y desidentificarse con las mujeres,
con los hombres, con lo masculino y con lo femenino, “son definidas como
equívocas, malas mujeres, enfermas, incapacitadas, raras, fallidas, locas”
(p.3).
Las víctimas
que se estudian en el feminicidio, van desde las pasivas y débiles, a las
fuertes e independientes que reciben la crítica social, por salir de los
paradigmas previamente preestablecidos (Sánchez, Ravelo, y Melgoza, 2015). De hecho,
en una identidad trasladada, las muertas siguen siendo representadas por un
grupo de activistas, conformado principalmente, por madres de familias de
víctimas de feminicidio a través de quienes se les da voz. Al no tener
respuesta por parte de las autoridades, las madres que lloraron a sus hijas se
convirtieron en un grupo de mujeres manifestantes, y ante la evidencia de que
las fuerzas policiacas fueron incapaces de encontrar a los perpetradores, se
convirtieron en activistas (Wright, 2011).
En el contexto
anterior, las investigadoras mexicanas se apoyan en el trabajo de Russell y
algunas de sus coautoras para poder describir la realidad mexicana. Serán
Lagarde (1990) y Monárrez (2010), desde diferentes tribunas públicas,
quienes desarrollen trabajos icónicos. Lagarde mudó el término femicidio a
feminicidio, trabajó desde el Congreso de la Unión en la estructura de leyes
para hacerle frente al problema, y planteó la responsabilidad del Estado en
este tipo de crímenes. La jurista acentúo la necesidad de la conformación de
las bases teóricas, por ende, científicas, su debate se centró en un cambio de
paradigma epistemológico y en construir una relación entre la academia y la
política.
Monárrez (2010) realizó trabajos teóricos-prácticos, e
investigó el fenómeno de Ciudad Juárez, dio a conocer una propuesta sobre las
categorías del feminicidio, y sobre el significado del mismo. El agregado que
hace a la terminología es el de asesinato de mujeres por razones asociadas a su
género. Además, le añade el aspecto de que es el asesinato misógino de mujeres
por los hombres, y que comprende toda una progresión de actos violentos que van
desde el maltrato emocional, psicológico hasta la muerte. Es decir, se presentan:
los golpes, los insultos, la tortura, la violación, la prostitución, el acoso
sexual, el abuso infantil, el infanticidio de niñas, las mutilaciones
genitales, la violencia doméstica, además, de toda política que derive en la
muerte de las mujeres, tolerada por el Estado.
Monárrez (2000) divide las categorías de las mujeres
asesinadas en feminicidio y homicidio. En la parte de feminicidio se
encuentran: feminicidio íntimo, feminicidio sexual sistemático y feminicidio
por ocupación estigmatizada. Además, explica que el asesinato de mujeres en
Ciudad Juárez puso el tema del feminicidio en el discurso público, social y
político del derecho a la vida de las niñas y mujeres en esta comunidad y a
nivel internacional. El feminicidio comprende todo asesinato de mujer cometido
por un hombre y sustentado en la discriminación de género.
Del
feminicidio sexual, Monárrez (2000) pasa al feminicidio sistemático, que
refiere al asesinato codificado de niñas y mujeres por ser mujeres, cuyos
cuerpos expropiados han sido torturados, violados, asesinados y arrojados en
escenarios transgresivos. Estos actos son perpetrados por hombres que hacen uso
de la misoginia y el sexismo, para delinear cruelmente las fronteras de género
por medio de un terrorismo de Estado. Estas acciones son secundadas por los
grupos hegemónicos, que refuerzan el dominio masculino y sujeta a familiares de
víctimas y a todas las mujeres a una inseguridad crónica profunda, a través de
un continuo e ilimitado de impunidad y complicidades. Aquí distingue el
feminicidio sistémico sexual organizado y el desorganizado.
Para Monárrez
(2010), ya no sólo es la muerte por ser
mujeres, otras mueren, de acuerdo a esta investigadora, por la ocupación que
desempeñan, se trata de mujeres que trabajan en bares y en night clubs,
que se desempeñan como bailarinas, meseras y prostitutas. Son agredidas porque
son mujeres, pero lo que todavía las hace más vulnerables es su ocupación
desautorizada, elementos que constituyen el feminicidio por ocupación
estigmatizada.
Con respecto a
los homicidios los tipifica en: crimen organizado y narcotráfico, violencia
comunitaria y asesinato imprudencial. Para la investigadora, los victimarios
tienen motivos para asesinarlas y éstos están sustentados en las relaciones
inequitativas de género, en la estructura de poder y el control que tienen los
hombres sobre las niñas y mujeres para que ellos dispongan el momento de su
muerte. “No todo asesinato de niña o mujer es un feminicidio, definitivamente
es un asesinato y es una responsabilidad del Estado y de las instituciones
encargadas de la integridad y la seguridad, prevenirlo, sancionarlo y
erradicarlo” (Monárrez, 2000, pág. 109). En otras palabras, hay un sentido de
urgencia para que el Estado tome cartas en el asunto.
De los autores
que se concentran en los estudios que se han realizado sobre el feminicidio y
los medios de comunicación, sobresalen en México los trabajos de: Monárrez (2010), Bonavitta y Garay (2011), Rojas (2014), Alcocer (2014), Gallur (2014) y Danés (2017). En esos trabajos, se investigan temas
como estigmatización de mujeres y víctimas; lenguaje culpabilizador; prejuicios
de género y deontología en medios de comunicación y reporteros.
Las
investigadoras que abordan el ángulo de estigmatización son: Monárrez (2010), Rodríguez (2008), Bonavitta y Garay (2011), Alcocer (2014) y Rojas (2014). Monárrez (2010), como ya se vio, propone la categoría
sobre las actividades estigmatizadas de las víctimas. En el caso de Rodríguez (2008) hace una crítica a los medios de
comunicación tanto de instituciones públicas como de expertos en la materia
debido a que en la información que difunden tienden a utilizar prejuicios y
valoraciones, presentando estos sucesos de violencia de género como hechos
aislados y no como parte de una violencia generalizada y aceptada por la propia
sociedad.
Los agresores
son justificados por los medios de comunicación, por ende, hay una relación con
el aspecto deontológico, lo que lleva a la revisión y propuesta de uso de
varios manuales de cómo escribir responsablemente sobre el tema. El tratamiento
informativo es basado en una construcción social y educacional que condena a la
mujer y justifica, en ocasiones, a los hombres violentos, eso representa una
visión que culpabiliza a la víctima y exime de responsabilidad a los homicidas,
y todo ello, reforzado por refranes y dichos populares, claramente machistas (Rodríguez, 2008).
En el caso de
Bonavitta y Garay (2011), hace una revisión de los discursos
manejados por medios audiovisuales, periodísticos y digitales en dos países:
México y Argentina, la autora discute la influencia que tienen los medios de
comunicación en la formación de ideologías y prácticas que denigran a las
mujeres y propician la violencia de género. Advierte que socialmente, sólo se
rebobina la cinta una y otra vez, a través de actores y actrices, productos,
concepciones, que aparentemente son diferentes, pero que, en las distintas
generaciones, los medios de comunicación continúan con el control y la
jerarquización social, “continúan, al fin, las mismas garras: el patriarcado,
el androcentrismo, el sexismo, el capitalismo, el etnocentrismo, entre otras”
(p. 28).
En estos
estudios también se encuentra que las notas periodísticas, en una extensión de
la ideología patriarcal, exoneran a los victimarios al cometer el asesinato. Se
justifica el feminicidio por medio de prejuicios, culpando a las mujeres por
haber transgredido el sistema sexo/género y la normativa femenina. En ese
sentido, las mujeres son presentadas ante la sociedad como víctimas
propiciatorias por ser prostitutas, drogadictas e infieles (Alcocer, 2014). Eso lleva, dice la
investigadora, a que al presentarse de esa manera las víctimas de feminicidio
en la prensa, sus vidas y muertes son estigmatizadas y mostradas como carentes
de valor, por ende, indignas de ser lloradas.
La cuestión
deontológica de los medios de comunicación también se encuentra en los trabajos
de Alcocer (2014), Bonavitta y Garay (2011) y Sánchez (2016). Sánchez (2016) hace un llamado
a la prensa para hacerse responsable del poder concentrado que tiene. De los
autores que también abordan el feminicidio y los medios de comunicación, Alcocer, Gallur y Danés destacan en su trabajo la visión
masculina en la cobertura mediática del feminicidio. Para Alcocer (2014) el
feminicidio se ubica desde un principio en la sección de la nota roja, cuando
es una problemática de orden social, y la estructura de la nota está enmarcada
en el papel de los prejuicios de género que ejercen las reporteras y los
reporteros de los diarios.
En lo que
respecta a dos de las autoras ya señaladas, ellas presentan un ángulo
particular de lo que consideran relevante en la investigación sobre
feminicidio; no interesa el número de notas sobre feminicidio, lo importante es
cómo se aborda la información (Alcocer, 2014). La visibilidad de las noticias
no aporta mayoritariamente mostrar un problema social de interés público, lo
que predomina es la información sobre casos individuales (Rojas, 2014).
METODOLOGÍA
La presente
investigación se dividió metodológicamente en dos apartados. El primero,
utilizó una metodología de análisis de contenidos, para analizar un estudio de
caso. El análisis de contenidos, se define como una técnica de investigación
para la descripción objetiva, sistemática y cuantitativa del contenido
manifiesto de la comunicación y permite, según Berelson (1959), comprender la realidad, así como
aprehender los fenómenos prestando atención a lo específico y a lo esencial de
los mismos.
En un segundo
momento, se plantea, como elemento de información complementaria, la aplicación
de un instrumento de preguntas abiertas examinado por medio de una metodología
de análisis de distribución de frecuencias con el objetivo de agrupar las
respuestas más significativas y con mayor frecuencia procedentes del
cuestionario. La intención de esta segunda fase del estudio era profundizar de
forma directa y en mayor medida sobre la presencia de creencias
hegemónicas/patriarcales ante este tipo de hechos y notas periodísticas en una
población muestra. En este instrumento, se incluían preguntas sobre la
capacidad de identificar a la víctima y al victimario, así como la percepción
que te tenía de posibles razones de los hechos.
En cuanto a la
selección de las muestras, para el apartado de estudio de caso, se seleccionó
como muestra el caso de Mara Fernanda Castilla, por ser un hecho que fue
calificado como feminicidio y por la amplia cobertura que se le dio en medios
de comunicación. Para su análisis se eligió el periódico Milenio como fuente de
información, considerando el práctico acceso digital que se tiene sobre sus
noticias, así como la visibilidad de los comentarios de los lectores. El
período que abarcó el estudio general de revisión de información se da a partir
del 12 de septiembre del 2017, que se da a conocer el feminicidio, hasta el 31
de diciembre del 2017.
Para la
aplicación del instrumento, se eligió una muestra de 28 parejas de padres de
familia de una preparatoria privada de la ciudad de Zapopan, Jalisco,
considerando 3 criterios de inclusión: 1) Tener una hija mujer, 2) Ser
originarios de algún municipio de la zona metropolitana de Guadalajara, 3) Que
no tuvieran cargos públicos u otras funciones de gobierno que pudieran
presionar sus respuestas hacia lo social y políticamente adecuado.
RESULTADOS Y
DISCUSIÓN
De acuerdo a
versiones periodísticas Mara Fernanda Castilla desapareció, en
la capital de Puebla, la madrugada del 8 de septiembre de 2017 al abordar una
unidad del servicio de taxis Cabify, al salir de un bar, para trasladarse a su
domicilio. Durante ocho días no se supo de su paradero, hasta que su cadáver
fue localizado en un paraje. El chofer del taxi la asesinó en un motel, para
luego deshacerse del cuerpo (Camhaji, 2017).
El primer
paso, posterior a la lectura del caso y las notas informativas, fue el
establecimiento de categorías. Para responder a la manera en que se constituye
la identidad de la víctima, se analizaron cuestiones como: sección del
periódico, género del reportero y el lenguaje con el que se describe a Mara
Fernanda. El análisis de la sección responde al principio de que los
feminicidios sean vistos como una problemática social y no solo como una
situación policiaca. El género del reportero responde a la visión que puede
llegarse a tener del rol social de la víctima, lo cual puede impactar en el
lenguaje utilizado para describir a Mara Fernanda. La idea general es poder
reconocer si existe alguna tendencia en la noticia que muestre victimización o
un lenguaje culpabilizador, o bien, si solo se reporta la información de los
hechos.
Para Russell (2006), el lenguaje que borra la condición de
género parece coincidir con la negación de que los asesinatos son una
manifestación de una misoginia y desigualdad de género mortal. El lenguaje
utilizado en una nota periodística juega un rol importante tanto en cómo los
actores involucrados son representados, así como en la manera en que serán
percibidos por los lectores, pero no hay que olvidar que los lectores también
responden a un bagaje cultural y social que ya forma parte de su idiosincrasia.
Esta
clasificación permitió identificar que las 42 notas periodísticas seleccionadas
podían entrar en las secciones policiacas (16), Información de los Estados
(11), Información Regional (6), Negocios (3), Política (3) y Notas Varias (3) (Milenio, 2018)
En cuanto al
lenguaje usado, se le menciona por su nombre en todas las notas; la mayoría de
las veces, se hace referencia como joven, estudiante, y que cuenta con 19 años.
Es frecuente el uso de la palabra desaparecida, desapareció y desaparición. Hay
tres palabras con las que se relaciona constantemente que son cuerpo, motel y
sábana. De igual manera se reitera, violada, violación y estrangulada.
A partir de
esto, se puede plantear una primera aproximación de cómo se ha constituido la
identidad de la víctima, la cual, según Giménez (2009) es más la auto-percepción de un sujeto
en relación a los otros. En las notas informativas Mara es definida bajo
atributos de joven, universitaria y estudiante, este es su rol de identidad, y
que ha hecho que diferentes grupos, tanto activistas como de estudiantes, se
identificaran con ella (López, 2017). A partir de su muerte, se le
suman otras características, como son: violada, estrangulada y desaparecida;
además, de que, por los rasgos de su muerte, las palabras de cuerpo, sábana y
motel (Agustín, 2017). El cadáver de Mara fue
localizado en un paraje solitario envuelto en una sábana, tirada como basura,
una descripción que Wright (2011) utiliza como recurrente y característico
de la identidad de las víctimas de feminicidio.
Con base en la
propuesta de Melucci (1995), la identidad de Mara puede estar
relacionada con identidades etiquetadas e identidades desviantes. En la
identidad etiquetada, el actor se auto-identifica en forma autónoma, aunque su
diversidad ha sido fijada por otros, es decir, Mara poseía una serie de roles;
joven, estudiante, hija y amiga, los otros aspectos que se mencionan en las
notas informativas parten de los demás: autoridades, grupos de activistas y
lectores de los medios de comunicación. Sin embargo, las identidades desviantes
llevan a que patrones de creencias propias de los lectores se proyecten sobre
lo que estos consideran como socialmente adecuado o reprochable.
Esta
investigación ha identificado que algunos de los comentarios notan claras
tendencias a culpabilizar a la víctima, por considerar que sus acciones son
contrarias a la moral a las buenas costumbres, llegando incluso a justificar al
agresor (López, 2017). Los comentarios acerca a la
victimización de Mara se encuentran claramente en las múltiples notas
analizadas, aun cuando las notas informativas dan a conocer que el chofer
estaba involucrado, que la había asesinado, violado y luego tirado su cuerpo envuelto
en una sábana (Agustín, 2017). Para infortunio de Mara
Fernanda, la identidad gestada sobre su muerte, es preponderantemente
hegemónica. Ello demuestra que, a pesar de los argumentos, los estereotipos de
género pueden llegar a colarse en la visión que tienen las personas sobre una situación
como un feminicidio.
Buscando
profundizar en la presencia de este tipo de creencias y estereotipos en la
población de una manera directa, se pusieron a consideración de una muestra de
padres de familia de una preparatoria privada de la ciudad de Zapopan, Jalisco
las notas periodísticas en donde se redactaban los sucesos vividos por Mara
Fernanda, así como algunos de los comentarios de los lectores. Por medio de un
instrumento con preguntas abiertas se les pidió que identificaran a la víctima
y al victimario, a lo cual, los sujetos de la muestra pudieron señalar que la
víctima era Mara Fernanda y el victimario el chofer de Cabify.
Posterior a
esta primera pregunta, se les pidió que señalaran 2 razones por las que creían
que pudiera haberse dado este hecho delictivo. Surgiendo 56 respuestas con 16
tipos diferentes de señalamientos (N) en donde se culpabilizaba primordialmente
a 5 agentes relacionados: Las autoridades, el chofer de Cabify, Mara Fernanda,
los padres de Mara Fernanda y el entorno social. Por medio de un análisis de
distribución de frecuencias se buscó agrupar las respuestas más significativas
y con mayor frecuencia procedentes de esta pregunta (Tabla 1).
Tabla 1.
Distribución de frecuencias
relativas
Categorías
|
Razones identificadas
|
N
|
Hi
|
a. Las autoridades
|
1. Falta de seguridad 2. Falta de valores en la educación que se imparte
3. Impunidad de las autoridades 4. Corrupción
|
16
|
34.1%
|
b. El chofer de Cabify
|
5. Esta loco o enfermo
|
16
|
23.2%
|
c. Mara Fernanda
|
6. No eran horas de andar en la calle 7. Falta de precaución 8. Su ropa
9. Su comportamiento 10. Valores difusos o no claros
|
16
|
19.6%
|
d. Los padres de Mara Fernanda
|
11. Falta de cuidado o atención hacia su hija 12. Falta de valores 13.
Permisivos
|
16
|
14.2%
|
e. El entorno social
|
14. Entorno violento 15. Falta de valores 16. Exceso de cuestiones
sexuales
|
16
|
8.9%
|
De las
respuestas dadas, la que mayores veces se repitió (19) fue la de culpar al
chofer por considerársele como una persona “enferma”, “un depravado
sexual” o estar “loco”. Después, se culpabilizaba a la autoridad
(13), considerando que la falta de seguridad fomentaba este tipo de delitos,
así como la “educación deficiente y sin valores”, el hecho de que “no
se hiciera nada a este tipo de delincuentes” e incluso, el que “son
amigos de los mismos policías”, haciendo referencia a que pudiera haber
autoridades implicadas. En tercer lugar, se culpa al entorno (11), considerando
que este es “violento”, no promueve “valores” como el “respeto
a la mujer” y que promueve la sexualización temprana de los jóvenes al
darles “mensajes que los incitan al sexo y lo sexual”. En tercer lugar,
se culpabilizaba a Mara Fernanda (8), por considerar que había sido “descuidada”,
“confiada”, “que pudiera haber dado a entender que estaba interesada”
por su “ropa” o su “forma de actuar”, por “andar fuera a esas
horas” o incluso, por el hecho de que, según las respuestas, “las
jóvenes de hoy están confundidas en sus valores”. En último lugar, se
culpabilizaba a los padres de Mara Fernanda (5), señalando que su “falta de
cuidado” o “falta de atención” hacia su hija, así como el que “le
dejaran hacer lo que quisiera” o “no la educarán con valores”
pudiera haber dado pauta a la situación. Incluso, dos de los entrevistados,
agregaron a esta última respuesta el hecho de que ellos “ponen atención a su
hija y sus amistades”, además de que “su hija es su amiga y confía en
ellos”.
Aunque las
respuestas con un enfoque culpabilizante son las mínimas, en frecuencia y
porcentaje, es alarmante notar que la presencia aún es considerable. Tanto
aquellas que señalan a Mara como la responsable de su propia muerte, como las
que consideran que la culpa es de su propia familia, son planteamientos
apegados aún a la visión hegemónica patriarcal que se señalaba con
anterioridad, notando, al igual que se dio con los comentarios de las noticias,
que este es un tema aún arraigado en la sociedad mexicana.
Algo que ha
resultado claro en este análisis, es que la información que surge a partir de
un caso de violencia o feminicidio puede dar pauta a diferente tipo de
reacciones por parte de la sociedad. Por ende, y como en su momento lo señala
el Modelo de Protocolo Latinoamericano de investigación de las muertes
violentas de mujeres por razones de género
la forma en
que las autoridades llegan a comunicar la información o avances de la
investigación resultan fundamentales para garantizar el respeto de la dignidad
e integridad de la víctima y sus familiares.
Como se ha
podido apreciar en el caso de Mara Fernanda, el buen o mal uso de la
información y la manera en que ésta se comunica, puede dar cabida a diferente
tipo de reacciones tanto por los medios como por la sociedad en general. Si no
se tiene cuidado o control sobre quién o cómo se da la información, se abre la
posibilidad de que no se maneje de una forma adecuada o que se dé bajo un
contexto estereotipado o dentro de un marco de subjetividades. Por
consiguiente, la sugerencia general es que la autoridad cuente con un proceso o
un grupo o persona responsable para manejar la información sobre este tipo de
casos, mismo que permita garantizar la transmisión sensible y objetiva de los
comunicados.
Algo
relevante, es que se considere la realidad personal y social de la víctima,
para que la información que se brinda no violente los derechos o dignidad de su
persona, ni tampoco afecte a la sensibilidad de sus grupos cercanos. Se debe
señalar que en ningún motivo se menosprecia la forma en que se debe manejar la
información de otros hechos delictivos, sin embargo, y considerando la
problemática social que implica la violencia de género en nuestro país, es
importante el que se dé cierto trato concreto a este tipo de sucesos.
Como
autoridad, es importante que la forma en que se aprecian y perciben estos
problemas sociales por el resto de la sociedad, se dé de la forma más objetiva
posible evitando contribuir de forma directa o indirecta, con la incertidumbre,
las calumnias, los chismes o los señalamientos por parte de los medios de
comunicación, que a su vez promueven creencias irracionales que contribuyen a
la ya grave brecha de género en el país.
CONCLUSIONES
El presente
artículo buscaba ser una reflexión sobre cómo, a pesar de estar en un siglo que
se ha caracterizado por la lucha social y la inclusión de grupos vulnerables,
sigue teniendo una clara tendencia a adoptar patrones de conducta de corte
hegemónico. Aunque la mujer en México parece haber logrado avanzar mucho en las
últimas décadas en cuanto a sus derechos en comparación a los hombres, aún hay
un largo camino por recorrer y una brecha muy amplia que no ha podido cerrarse.
Existen
múltiples estudios que señalan cómo los medios de comunicación parecen influir
en lo que las personas piensan, sin embargo, existen creencias que se
encuentran tan arraigadas en la historia y la mentalidad de la población, que
los medios se constituyen efectivamente como lo que son, un medio para
exteriorizar pensamientos, ideas y creencias que se tienen con respecto a un
tema.
Lamentablemente,
aunque los feminicidios deberían percibirse como una problemática social que
violenta los derechos de las mujeres, existen creencias que afectan claramente
la valoración que las personas pueden llegar a tener sobre el tema. Aspectos
como “valores propios de las mujeres”, sus “deberes” con el hogar, el cuidado
que deberían tener sobre su cuerpo, la dignidad y respeto que deben tener hacia
sus familias o incluso, su rol social como agentes “débiles”, son creencias que
motivan el que los feminicidios sigan llenos de muchas creencias irracionales
que terminan estereotipando, culpabilizando y revictimizando a la mujer. A
pesar de que los comentarios señalados fueron extraídos de notas periodísticas,
se puede apreciar que ninguno de ellos se argumenta en lo señalado por el
escrito, basándose en gran medida en opiniones personales, lo que genera una
identidad desviante, diferente a la que los medios han etiquetado a la víctima.
Como cierre,
se puede señalar, que tanto la lectura de los comentarios, como las entrevistas
realizadas posteriormente a la muestra de padres de familias, hace recordar la
tendencia a apegarse a discursos hegemónicos que se permea desde el contexto
antropológico y cultural del patriarcado y que puede llegar a filtrarse en la
información que surge de las mismas autoridades responsables. Efectivamente,
aunque el presente artículo tiene el limitante de basarse en un solo caso, esto
no le quita lo interesante que resulta para arrojar luz sobre el tema,
contribuyendo, además, en mostrar una necesidad de ampliar las consideraciones
que toman las autoridades al comunicar este tipo de información. Como
autoridad, y miembros de la sociedad, se tiene una clara obligación no solo con
lo que se hace, sino también con lo que se expresa, comunica y comparte.
En un país
como México, y con las cifras tan alarmantes de feminicidios que se dan cada
año, es relevante el generar la mayor cantidad reflexiones posibles sobre el
tema, ya que el conocer la realidad, no debe ser solo un motivo de alarma, sino
también, un llamado al compromiso social a hacer un cambio de paradigmas. Así,
es menester generar espacios libres de violencia para las niñas y mujeres del
presente, dando voz a todas aquellas que se mantienen calladas, y más aún, a
aquellas que fueron silenciadas por la violencia y los crímenes hacia su
género.
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Notas de autor
jcvazquezp@tec.mx