Mientras que un estudio de la AHRQ revela que casi la mitad de los adultos en Estados Unidos sufre dificultades económicas por la atención médica, economías como la de China demuestran que la titularidad pública de los hospitales no exime a los pacientes de asumir elevados costes de su propio bolsillo.
Por Aliazon Salud 15 de agosto de 2026
Enfrentarse a una enfermedad grave o crónica ya supone de por sí un reto físico y emocional considerable para cualquier persona. Sin embargo, en muchos rincones del planeta, este trance viene acompañado de una pesada carga económica que pone en jaque la estabilidad financiera de las familias. Dos realidades aparentemente opuestas, la de Estados Unidos y la de China, reflejan cómo el sistema de salud puede convertirse en una fuente de estrés financiero para los ciudadanos.
Estados Unidos: entre primas elevadas, deudas y retrasos asistenciales
En Estados Unidos, un nuevo estudio publicado en Health Affairs y financiado por la Agencia para la Investigación y la Calidad de la Atención Médica (AHRQ) examina las causas de las dificultades financieras que enfrentan los pacientes. A pesar de los logros de la Ley de Cuidado de Salud Asequible en materia de aseguramiento, el informe destaca que la crisis económica sanitaria se manifiesta a través de tres vías principales:
Elevados gastos de bolsillo: El 7,5% de los encuestados vivía en hogares con altos costes en primas y atención médica.
Deuda médica: El 8,4% de los participantes reportó haber acumulado deudas a raíz de la atención sanitaria, viéndose obligados en ocasiones a pagar facturas a plazos.
Acceso limitado: El 18,8% pospuso o renunció por completo a recibir atención médica por motivos económicos.
En conjunto, al analizar el impacto combinado, el 27% de los encuestados confirmó experimentar al menos uno de estos problemas, una cifra que asciende hasta el 45,4% al aplicar una definición más flexible de dificultades financieras.
China: la falsa premisa de la gratuidad universal
Por otro lado, existe la creencia generalizada de que en países con un fuerte peso estatal, como China, la sanidad es completamente pública y gratuita. Si bien el Estado cuenta con una amplia red de hospitales públicos y diferentes regímenes de seguros subvencionados que cubren a más del 95% de la población, el sistema dista mucho de ser gratuito.
El modelo chino opera fundamentalmente mediante copagos y una notable carga de gastos de bolsillo para los pacientes. Aunque la atención primaria o los servicios básicos están subvencionados, el sistema está fuertemente fragmentado según el tipo de seguro (empleados urbanos, residentes o planes rurales) y presenta importantes carencias:
Enfermedades complejas y crónicas: Ante patologías de alto coste —como tratamientos oncológicos avanzados, diálisis o dolencias prolongadas—, la cobertura de los seguros básicos suele ser limitada.
Gastos catastróficos: Al igual que ocurre en los modelos basados en el mercado libre, los pacientes en China a menudo deben asumir de su propio bolsillo porcentajes muy elevados de la factura hospitalaria y de los medicamentos, lo que obliga a muchos hogares a endeudarse o agotar sus ahorros.
Dos sistemas, un desafío común
Tanto el análisis de la AHRQ en Estados Unidos como la realidad del sistema sanitario en China demuestran que la mera existencia de seguros o de una red de centros públicos no garantiza por sí sola la tranquilidad financiera de los ciudadanos.
Mientras que en EE. UU. el problema se articula en torno a primas fragmentadas, copagos desmedidos y la renuncia a la atención preventiva, en China el reto radica en la insuficiencia de las coberturas ante enfermedades de alta complejidad. En ambos contextos, la factura de enfermar continúa exigiendo reformas estructurales urgentes para proteger de verdad el bienestar de las familias.



