En esta semana de tanta densidad de acontecimientos en el ámbito geopolítico, el broche de oro lo ha puesto María Corina Machado al entregarle su premio Nobel de la Paz al presidente Trump. El mandatario norteamericano tira los dados cada día y el mundo se estremece preguntándose qué vendrá a continuación en esta ofensiva por ampliar el poder y la influencia de Estados Unidos. ¿Irán, Groenlandia, Cuba? ¿Qué grado de privatización y desvirtualización de la democracia puede soportar EEUU?
En el terreno patrio, mientras las derechas fluctúan, respecto del neocolonialismo norteamericano, entre la indiferencia y la aquiescencia, se dedican a afearle a las izquierdas falta de compromiso con las mujeres en Irán. Una falta que solo es real en los discursos de sus adalides y propagandistas. A la cabeza de todos ellos, Ayuso. Ella es la que más habla porque le funciona para tapar todo aquello que necesita callar. En el mundo Ayuso los mayores dislates, las polémicas más estúpidas e intencionadamente perversas, son -como diría Trump- "truth", aunque contravengan de forma evidente la realidad.
Lo que sí es real es la magnitud de los presuntos abusos cometidos por Julio Iglesias, a quien siempre se le ha celebrado ser un mujeriego y un truhan. Su caso nos habla, entre otras cosas, de cómo los abusos de poder, cuando concurren los elementos racial, de género y clase, ni siquiera se tienen que ocultar porque el sistema los tolera y los digiere con extraordinaria facilidad.
Y de fondo, la vivienda y un Gobierno a punto de implosionar.
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