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| | Noelia Adánez | | | Jefa de Feminismos y de Opinión | | |
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En su comparecencia del pasado lunes ante la Comisión de Igualdad del Congreso, la ministra Ana Redondo contabilizó en 23 el número de agresiones sexuales sufridas y denunciadas por niñas y mujeres desde que se produjo el salto masivo de personas migrantes a Ceuta. Como resultado de las investigaciones abiertas se ha detenido a dos hombres magrebíes, dos españoles y un belga. Pero todas sabemos que la ausencia de denuncia no es ausencia de violencia. Menos aún en una situación como la que viven las mujeres y niñas que permanecen en Ceuta. |
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No conocemos cuántas mujeres hay, pero sabemos por el Ministerio de Juventud e Infancia que dirige Sira Rego, que hay al menos 760 niñas. No sabemos cuántas llegaron hace más de un mes y cuántas de ellas pueden estar desaparecidas, porque resulta muy difícil creer que no estén operando en el terreno redes de trata desde el primer día. |
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Las mujeres y las niñas que están en Ceuta tienen derechos. Los que les reconoce el Convenio de Estambul, la Ley Orgánica de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia y la Ley de garantía integral de la libertad sexual. Que no sean españolas no quiere decir que no tengan derechos por los que haya que velar, quiere decir en todo caso que hay que hacer un esfuerzo adicional, en términos de recursos y servicios, para protegerlos. |
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Por otro lado, la ministra Redondo dijo también en su comparecencia que las mujeres que cruzaron a nado la frontera “vienen huyendo del pasado que nosotras ya hemos vivido”. La afirmación, que cerró con la idea de que “se trata de volver al pasado o seguir avanzando”, se corresponde con un marco mental que evoca una idea de progreso en clave civilizatoria que, como mínimo, resulta extemporánea. |
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No sé qué pensaréis vosotras, pero yo no creo que estas mujeres y niñas huyan de un contexto cultural que evoque o guarde ningún tipo de similitud con nuestro pasado, sino de una realidad caracterizada por fuertes desigualdades sociales que de algún modo remedan las existentes entre el Norte y el Sur global. Nuestro privilegio no es el futuro aspiracional de nadie. Es, de hecho, el espejismo de una aspiración que no deberíamos reproducir, por falaz, por colonial y por obsoleta. Las mujeres marroquíes huyen de la pobreza y de la violencia que lleva a menudo aparejada, y huyen de una organización social patriarcal. Nosotras no hemos estado nunca donde están ellas ni ellas van a "llegar" donde estamos nosotras. Seamos realistas, cuando estas mujeres llegan de verdad a nuestro país mejoran sus condiciones de vida de una manera muy relativa, sometidas como quedarán muchas de ellas a relaciones de explotación, con trabajos precarios y estatus legales complicados. El feminismo “civilizatorio”, como lo llama la teórica François Verges (Un feminismo descolonial, Traficantes de Sueños, 2022), del que la ministra Redondo hace inadvertidamente gala, obvia por otra parte las luchas, estrategias y organizaciones que las propias mujeres marroquíes han desarrollado y en las que se apoyan para llevar a cabo sus reivindicaciones. En este sentido, es importante cobrar conciencia, antes de cualquier otra cosa, de lo poco que sabemos de Marruecos y la situación de las mujeres y sus luchas en el país vecino. Tal vez estaría bien empezar a interesarnos de verdad por ellas. |
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Y de Marruecos a Estados Unidos. |
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¿Os gustaba Dolly Parton? ¿Os resultaba indiferente? ¿Tenías tal vez la noción de que era un icono cultural en Estados Unidos, un símbolo de americanidad? Seguramente habréis oído contar la pasada semana, cuando murió, que gentes de condición y sensibilidad política dispar han reivindicado su legado. Parton era una figura de enorme popularidad. Sin embargo, distintos medios, como Atlantic, The Nation o Jacobin han reivindicado a esta cantante country como una heroína de la clase trabajadora y una feminista ejemplar. |
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Es mítica la intervención de Dolly Parton en la película 9 to 5, que co-protagonizó con otras dos espléndidas actrices y reconocidas activistas, Jane Fonda y Lily Tomlin. El tema, además, apareció en el álbum 9 to 5 and Odd Jobs, que incluía también "Working Girl" y "Poor Folks Town", además de una versión de "Deportee (Plane Wreck at Los Gatos)", el tema en el que Woody Guthrie se explayó sobre el trato racista a los jornaleros migrantes. 9 to 5 and Odd Jobs es un disco sobre la explotación de la clase trabajadora firmado por una Dolly en el apogeo de su carrera musical. |
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Dolly Parton estuvo afiliada a sindicatos del sector de la música durante más de sesenta años y afilió a todos los integrantes de sus bandas y a quienes trabajaban en sus bolos. Estamos ante un no tan frecuente ejercicio de coherencia absoluta entre la defensa de los intereses de la clase trabajadora y su implicación personal en este tipo de luchas. Además, Dolly Parton dio voz en sus canciones a jornaleros, niños hambrientos o mujeres estigmatizadas, es decir, a subalternos y marginadas. Allí donde se deslizó hacia posturas menos comprometidas, Parton reprodujo, muy probablemente, la tensión del propio country, un género que capta la vida obrera mejor que casi ningún otro pero que a menudo disuelve ese dolor en tradicionalismo conformista en lugar de señalar sus causas. |
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A pesar de su defensa de las mujeres, Dolly Parton siempre dijo de sí misma que no eran feminista. Sarah Smarsh, autora de She Come By It Natural, un libro sobre Parton y las mujeres de clase trabajadora rural, explica que la reiterada negativa de Dolly a identificarse como feminista tiene que ver esencialmente con que el vocabulario del feminismo académico y urbano no era el de las mujeres pobres de Kansas o del este de Tennessee, en el que Parton nació en una familia de doce hermanos. Rechazar la palabra, en esa lectura, es un dato sociológico, no una posición política, porque lo cierto es que Parton era una mujer que defendía a las mujeres y sus derechos, en sus canciones y en su vida. |
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Por otra parte, Dolly Parton performó la feminidad de un modo transgresor, nada convencional. La broma sobre lo caro que le resultaba parecer tan barata funcionaba como blindaje: se la subestimaba por su imagen de tal manera que la calidad de su música y su habilidad para desenvolverse en la industria resultaban aún más epatantes. En su forma de vestir y de presentarse no había un mandato, sino un juego que jugaba por libre elección. Su exagerada feminidad era una herramienta de poder en lugar de una concesión. |
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Gloria Steinem y Dolly Parton. |
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También la recientemente fallecida Gloria Steinem hizo de su imagen un icono de fortaleza y de su belleza una herramienta de poder. Durante más de medio siglo, Steinem contribuyó a llevar las ideas, voces y movimientos feministas a la esfera pública general a través del periodismo, la organización y el activismo. |
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Recordemos que Steinem comenzó su carrera como periodista infiltrándose en la Casa de Playboy. Como resultado de su trabajo como “conejita” para exponer la explotación laboral y el acoso sexual que sufrían las mujeres publicó "A Bunny's Tale". Era 1963 y faltaba todavía una década para que Steinem se hiciera famosa como cofundadora de la revista Ms. Antes, contribuiría a la fundación también de New York Magazine.
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El año de publicación del reportaje en dos entregas en la revista Show coincidió con el lanzamiento de dos libros que jalonaron la segunda ola feminista y son clásicos ineludibles del ensayo y la literatura escritas por mujeres. La mística de la feminidad de Betty Friedan y La campana de cristal de Silvia Plath. Sin embargo, el reportaje de Steinem conecta sobre todo con un libro escrito apenas un año antes, El cuaderno dorado, de Doris Lessing, una novela monumental en la que su autora viene a plantear que la revolución sexual nunca tendrá lugar si se deja en las manos de los hombres. El aterrizaje del “paradigma del consentimiento” en la conversación pública y los sistema jurídicos más de sesenta años después de aquellos textos pone precisamente de manifiesto que el diagnóstico de Steinem o de Lessing era acertado, y que no hay ni habrá una sexualidad libre si las mujeres no intervienen en su definición y si no la viven en esos términos. |
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