Daniele Porretta: Según Oscar Wilde, un mapa del mundo sin utopía no merece la pena consultarse, ya que es el destino que siempre se marca la humanidad. Una vez alcanzada la utopía, zarpa de nuevo en busca de otra. En cambio, para Berdiaeff las utopías se han vuelto peligrosamente realizables y nos tendríamos que preguntar cómo evitar su realización. Entonces, ¿para qué sirve una utopía? La respuesta no es fácil. Quizás tengan razón tanto Oscar Wilde como Nicola Berdiaeff.
Laura Benítez Valero: Quizás la propia pregunta sobre la funcionalidad de la utopía nos abre una primera grieta de posibilidad para revisar cómo concebimos las utopías. ¿No sería deseable que las utopías nos permitieran pensar más allá de la dimensión instrumental? ¿Y si la especificidad de la utopía reside, precisamente, en no poder ser analizada con parámetros que miden su para qué?
D: Pero el éxito de las utopías reside justo en su dimensión instrumental. En haber producido unos manuales de instrucciones para transformar la sociedad a través de un formato narrativo como la novela. Desde T. More hasta A. Bogdanov, la idea de base es enseñar una sociedad en perfecto funcionamiento que sirva de espejo positivo para una realidad insoportable. Si una utopía no sirve para hacer la revolución, ¿qué hacemos con ella?
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